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Agenda 2030 para un mundo distópico por Manuel Jesús Fernández Naranjo

Manuel Jesús Fernández Naranjo es docente de Ciencias Sociales en el IES Virgen del Castillo en Lebrija. Le interesa, sobre todo, aprender y la innovación educativa, pero, también, el desarrollo de las competencias básicas del alumnado, las TIC y la metodología 2.0, el trabajo por proyectos, la metodología flipped classroom, las redes sociales en educación, hacer visible el trabajo del aula, la organización escolar y los procesos de mejora. manueljesus.es

En septiembre de 2015 (sí, hace ya casi seis años) la ONU aprobó una serie de objetivos para el desarrollo sostenible de nuestro planeta y de quiénes lo habitan. Son los ODS que componen la Agenda 2030, puesto que dentro de 10 años tendremos que haber conseguido las metas que se establecen en ella. Tienen que ser nuestras metas, las de todos, y por eso la Escuela debe tratarlas y servir de plataforma de concienciación social para conseguirlas.

Y no cabe duda que en el mundo distópico en el que nos hemos visto envueltos por el COVID-19, esta agenda cobra mucho más sentido porque sólo podremos salir de esta pandemia si tenemos los ODS como objetivo de actuación, si racionalizamos la producción y el consumo, si equilibramos desigualdades y si cuidamos y conservamos nuestro planeta para que no nos vuelva a poner a prueba. La pandemia ha provocado que el conocimiento y el cumplimiento de la Agenda 2030 sea una necesidad ineludible. Algo que debería ser obligatorio.

Desafortunadamente, hasta hace bien poco, casi nadie conocía tales objetivos ni tal agenda, aunque parece que en la actualidad es conocida y, sobre todo, asumida por cada vez más personas, organizaciones e instituciones. Sin embargo, la visión mayoritaria que se tiene de esta agenda es muy limitada y se confunde con la lucha por el cambio climático como si esta fuera la única meta de los ODS. Y es una verdadera pena y un acicate para darlos a conocer porque la agenda por un mundo sostenible va mucho más allá y yo englobaría los ODS en tres ámbitos: justicia social, economía sostenible y protección del planeta. 

Lógicamente, al analizar la Agenda, veremos que hay objetivos que se podrían relacionar con más de un ámbito e incluso con los tres, pero tienen mucha más relación con uno de ellos. Pasemos a analizarlos.

Justicia social

Como he mencionado antes, la Agenda 2030 es mucho más que evitar el cambio climático. Es, sobre todo, intentar conseguir un mundo más justo, donde desaparezca la pobreza, se reduzca o se elimine el hambre, haya atención sanitaria y bienestar para todos, una educación de calidad, igualdad de género, menos (o ninguna) desigualdad, justicia e instituciones iguales para todos y alianzas firmes para conseguirlo. Es decir, conseguir un mundo más justo y más solidario y donde no prime el egoísmo social o el beneficio económico por el puro beneficio. En definitiva, que haya un reparto más justo de la riqueza que propicie más igualdad de oportunidades para todos, no sólo para los que siempre la hemos tenido. Son objetivos muy claros, muy justos y muy asumibles en teoría, pero conseguirlos debería suponer un cambio drástico en la globalización económica apostando claramente por la segunda línea o ámbito.

Economía sostenible

Porque conseguir los objetivos y metas de la Agenda supone un drástico cambio en la organización económica mundial donde prime la sostenibilidad y el bien común sobre el beneficio rápido y privado, es decir, donde vaya desapareciendo el capitalismo salvaje que predomina actualmente y se vaya dando paso a un capitalismo más social, más pendiente del reparto de la riqueza que de la acumulción de la misma y basado en la sostenibilidad de los recursos y no en su agotamiento abusivo. Y donde el sistema de producción consumista, masiva y lineal vaya dando paso a un sistema productivo circular que reduzca la producción innecesaria y los residuos. Lógicamente, esto choca frontalmente con los intereses de las grandes corporaciones y del gran capital financiero, que hemos dicho que manejan el cotarro, que no están dispuestas, todavía, a renunciar a sus grandes beneficios pero que no tendrán más remedio que ir adaptándose a las nuevas condiciones. Pero, para que todo esto llegue, se debe pensar en el tercer ámbito.

Protección del planeta

Porque a esas grandes corporaciones de nada les va a servir negar del cambio climático cuando las evidencias sigan siendo más numerosas y tendrán que colaborar en la protección del planeta para poder al menos salvar los muebles de sus beneficios, es decir, más valdrá tener algún beneficio que no tener nada porque todo se ha ido poco menos que a la porra. Y es que conservar y mejorar los ecosistemas como base de la vida del planeta y tomar las medidas necesarias para frenar y revertir el cambio climático se antojan como objetivos básicos para conseguir una economía más sostenible y poder alcanzar un mundo más justo.

La Agenda en las aulas

Por todo lo anterior y por la situación en la que quedemos después de la pandemia, es muy importante llevar los ODS a las aulas, no sólo por el último ámbito que ya es más tratado y asumido en las aulas sino, sobre todo, por los dos primeros, porque todo es un conjunto y sin concienciar sobre cómo conseguir un mundo más justo donde vayan desapareciendo desigualdades económicas o sociales y cómo conseguir un desarrollo económico que respete la justicia social y al mundo donde vivimos no podremos conseguir las metas de la Agenda 2030, con las gravísimas consecuencias que ello tendrá y que estamos sufriendo ya con esa una distopía casi irreal que estamos compartiendo.

En definitiva, tenemos que tener aulas para conseguir un mundo mejor, para salvarlo del desastre y el colapso total. Es nuestro deber como docentes y como ciudadanos. 

Haz clic sobre la imagen para poder ver cómo trabajar la Agenda en las aulas.

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