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Breakout Monomios: ¡Caza al impostor!


David Sierra Bolivar es profesor de secundaria desde 2004. Actualmente profesor de matemáticas en el IES Valle del Saja (Cantabria). Formador y divulgador del modelo de enseñanza «Flipped Classroom» y el uso de metodologías activas en la educación. Premiado en SIMO 2019 como “Mejor experiencia con metodologías activas” y “I Pemio Innotech-edu” por el proyecto “Escape Room Digital” junto a otros siete compañeros de proyecto. Aplica Flipped Classroom con sus alumnos de ESO y Bachillerato desde el curso 2016-17. Autor del blog y el canal de Youtube “Simplifica las matemáticas”. Participante activo en redes sociales a través del usuario @simplificamates en las que comparte materiales y aprendizajes con otros profesores interesados en utilizar metodologías activas en el aula.

Si nos recomiendan ventilación y distancia social, ¡hagamos Matemáticas en el patio!
Este fue lo que me llevó a plantearme hacer la actividad de aprendizaje que a continuación detallaré, además de presentar a mi alumnado de 2º ESO una actividad de repaso con cierto punto de vista lúdico y poder trabajar en cooperativo, metodología que en los últimos años he utilizado en varias ocasiones en el aula y en este curso, distinto en todos los aspectos a los anteriores, no ha sido posible.

Nos tocaba trabajar la unidad de álgebra y quería plantearles una actividad en el patio que fuera entretenida y que pudieran realizar en equipos cooperativos, así que tomé la idea del juego de moda entre los adolescentes este año y les puse ante el reto de cazar al monomio impostor.

Me gusta la técnica de los Breakout, puesto que el reto de tener que abrir un candado que da acceso al cofre del tesoro tras seguir unas pistas y resolver unos enigmas siempre resulta atractivo.

Como no quería que fuese competitivo entre los distintos equipos, sino que todos tuviesen el reto y la posibilidad de llegar a abrir su propio cofre del tesoro, dispuse cinco pequeñas cajas de madera, cada una marcada con un color diferente y un candado de tres cifras. Una caja por cada equipo participante.

Este año por causas ya conocidas, en mi centro se han formado clases de 20 alumnos por lo que hice 5 grupos de 4 alumnos, intentando que estuviesen equilibrados y repartidos de forma homogénea atendiendo a distintos factores.

La parte central de la actividad estaba formada por cinco formularios, en mi caso creados con Google Forms, que correspondían con las cinco misiones que cada grupo debía resolver una a una. Es importante aclarar que eran los mismos cinco formularios para todos los equipos, que iban rotando por las distintas misiones hasta que los
resolvían todos
.

Cada formulario o misión estaba formado por 4 retos o preguntas, y solo cuando habían contestado correctamente a todos los retos podían pasar a la siguiente misión.

Utilizando los formularios de Google es sencillo controlar que no se pueda avanzar a la siguiente pregunta si no se acierta la actual a través del uso de secciones y de la “Validación de respuestas” que verifica que se escriba correctamente la respuesta para permitir ver la siguiente pregunta. Esto permite no tener que hacer uso únicamente del tipo de pregunta de “opción múltiple”, lo que en ocasiones hace que llegar a la respuesta correcta se convierta en un juego de prueba y error sin necesidad de tener conocimiento alguno sobre las cuestiones planteadas.

Cada equipo debía ir anotando las respuestas de los diferentes retos en una hoja de resultados que llevaba una persona del equipo. Esas respuestas eran necesarias para poder resolver el reto final que les daría la clave para abrir el candado de la caja.

Para que pudieran acceder a los diferentes formularios o misiones imprimí un código QR y un enlace directo a cada cuestionario en una hoja y la plastifiqué para poder sujetarla de algún objeto fijo del patio. Leído el código QR con el teléfono móvil de alguno de los miembros del equipo o con una de las tabletas de las que dispone el centro se accedía al cuestionario con las preguntas de la misión, que entre todos los miembros del equipo debían resolver, pudiendo hacer uso de sus cuadernos de clase para consultar y para realizar los desarrollos necesarios.

Cada hoja con los códigos QR tenía un número del 1 al 5, y antes de comenzar había asignado un número correspondiente y un color para saber cuál era su caja en la prueba final a cada uno de los equipos. De esta forma cada equipo comenzaba por la misión que tenía el mismo número que su equipo y después iban rotando de una misión a otra hasta que finalizaban todas.

Para saber el número de la misión a la que les correspondía ir al acabar una, debían resolver correctamente una operación combinada que encontraban en el mensaje de confirmación de respuesta enviada al finalizar cada formulario. Cuando ya habían completado las 5 misiones, debían acudir al punto de encuentro en el que les esperaba
la prueba final.

Las hojas con los códigos QR estaban repartidas por una zona bastante amplia del patio, para que cada grupo trabajase de forma independiente y no hubiera “consultas” entre equipos durante la actividad.

Destacaría que el principal problema que encontraron fue debido a la comprensión lectora o a las prisas en la lectura de las preguntas, lo que les llevaba a introducir respuestas erróneas que no les permitían avanzar en la actividad. Una vez que se daban cuenta de la importancia de leer y entender correctamente la pregunta planteada aumentaban la atención en este aspecto y mejoraban su índice de aciertos posteriores.

Para acceder a la prueba final debían escanear un nuevo código QR que les daba acceso a un candado digital creado a partir de la web magníficamente desarrollada por Juan Daniel Sobrado al que agradezco su creación, que he usado en varias ocasiones.

Estos candados digitales permiten personalizar de forma muy sencilla una web para que funcione como si fuera un candado físico, validando que el código introducido sea correcto y mostrando la información que quieras cuando el código es correcto y cuando no lo es. 

Para poder acceder al código correcto debían encontrar la respuesta impostora entre las anotadas en la ficha de respuestas que habían ido rellenando a lo largo de la actividad.

Con el código correcto abrían la caja del color del equipo que contenía un dulce premio que como dije en el hilo de Twitter que elaboré a partir de la actividad, aprueban 9 de cada 10 dentistas, 1 de cada 10 familias y los 10 niños o niñas. 

Materiales utilizados en la actividad:

Los códigos QR de la actividad fueron creados desde la web gratuita Unitag.

Los enlaces a los formularios fueron creados con el acortador de Url Bitly.

La ficha de resultados está creada desde la web de Canva. 

Para quien desee consultar los formularios utilizados en la actividad, estos son los enlaces a los mismos:

Y quien quiera hacer una copia de los mismos en su propia nube de Drive puede hacerlo a través de los siguientes enlaces:

Una vez copiados, los formularios creados serán propiedad de cada usuario y podrá adaptarlos a su gusto.

Valoración personal de la actividad

La valoración general de la actividad es bastante positiva. Todos los grupos han participado muy activamente, muchos de ellos trabajando correctamente de forma cooperativa y compartiendo el descubrimiento y la resolución de los diferentes retos.

El hecho de ser una actividad al aire libre, después del curso de restricciones que llevamos, ha supuesto un cambio para ellos y lo han recibido de muy buen grado.

La actividad es fácilmente replicable en distintas asignaturas sin más que adaptar los retos de cada una de las misiones, por lo que podría resultar interesante a docentes de cualquier especialidad.

Los grupos que yo he creado han sido de 4 alumnos, pero creo que hubiera resultado mejor haciendo parejas. De esta forma se ven obligados a participar todos de forma más activa. En grupos mayores algún alumno puede pasar desapercibido entre sus compañeros y dejar que los demás hagan el trabajo y sea más difícil de comprobar para el profesor. Esto también obligará al profesor a duplicar el número de hojas impresas con códigos QR y será necesario disponer de un espacio mayor en el patio, de forma que cada docente tendrá que valorar si procede hacer estos cambios.

En mi caso la actividad tuvo una duración total de algo más de 1 hora. Dado que este curso disponemos de dos sesiones seguidas de matemáticas una vez por semana, he realizado la actividad ese día para que tuvieran tiempo de hacerlo sin prisas. Si la actividad se ve truncada por el timbre de fin de la clase, la experiencia será muy diferente que si consiguen finalizarlo.

Incluso tuvimos tiempo de hacer un breve repaso antes de bajar al patio y de explicar detenidamente las normas de la actividad y cómo debían proceder cada uno de los grupos.

Hay que tener en cuenta que el uso de respuestas abiertas con validación de respuesta hace que en ocasiones se bloqueen en una pregunta y recurran a la ayuda del profesor para poder continuar. El docente debe estar atento a estas situaciones y moverse por el patio observando el desarrollo y echando algún cable de vez en cuando si un grupo no consigue avanzar en uno de los retos.

Por último, me gustaría puntualizar, puesto que es una opinión que surge en muchas ocasiones ante una actividad similar a esta que he mostrado, que no debe confundir el lector ni confundirnos nosotros como docentes, entre crear actividades de aprendizaje que motiven a nuestros alumnos a participar y con ellos consigamos nuestro objetivo principal, que es su aprendizaje, con realizar actividades que busquen la motivación intrínseca del alumnado y su disfrute de la actividad esté por encima del objetivo didáctico. No somos los docentes animadores juveniles, pero sí creo que es muy beneficioso realizar este tipo de experiencias, que enmarcadas en un contexto más atractivo al habitual del aula consiguen involucrar al alumno y le exigen aplicar y desarrollar las competencias trabajadas para poder realizar la actividad.

Para cualquier duda o consulta me encontraréis en la cuenta de Twitter @simplificamates.

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