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¿Sabes cuáles son los beneficios de la naturaleza para el cerebro?

Vivir en la ciudad conlleva ciertas ventajas o calidades que no tiene vivir en la naturaleza. Sin embargo, debemos ser conscientes de los beneficios que el contacto con la naturaleza tiene sobre nuestra salud, y en concreto sobre nuestro cerebro, para tratar de compensar los perjuicios que sabemos están asociados a las urbes.

Con los múltiples beneficios que el contacto con la naturaleza tiene sobre el cerebro, los programas neuroeducativos deben tenerlos en cuenta, no solo en la materia de Educación Física, sino como un elemento común y transversal a todas las asignaturas.

1. El cerebro “natural”

Los humanos están cada vez más desconectados de la naturaleza. La mayoría de las personas, en concreto más de la mitad a nivel mundial, viven en áreas urbanas, donde el contacto con la naturaleza suele ser limitado.

En este contexto, en los últimos años se ha observado un aumento del interés científico por los beneficios del contacto con la naturaleza para la salud y el bienestar humano. Varios estudios y revisiones científicas recientes han resumido y constatado la evidencia científica sobre los beneficios que la naturaleza aporta a nuestra salud física, mental y social, por consiguiente, también neurocognitiva.

Esto ha hecho que cada vez se observen más parques, zonas verdes y plantas en las grandes urbes, incluso dentro de los propios edificios. Aunque los mejores beneficios se obtienen en un contexto 100% natural, este tipo de ambientes que lo simulan son también altamente beneficios.

El ser humano, en su esencial connatural, es un ser que vive en el medio natural. Evolutiva, genética y anatómicamente estamos diseñados para vivir e interpretar las señales de la naturaleza: lo que nos dicen las plantas, los ríos y los animales. Estamos diseñados para caminar, correr, estar en movimiento; nuestras neuronas necesitas ejercicio; un cerebro relajado y en forma, será más sano y activo.

Sin embargo, como ya decíamos, la humanidad es cada vez más urbana, aunque sigue dependiendo de la naturaleza para su supervivencia. Las ciudades dependen del ecosistema más allá de los límites de la ciudad, pero también se benefician de los ecosistemas urbanos internos, entre los que podemos identificar los árboles de la calle, jardines y parques, bosques urbanos, tierras cultivadas, humedales, lagos/ríos/mar y corrientes. 

Aunque al hablar de naturaleza solemos pensar en espacios lejanos a las ciudades, también debemos considerar como espacios naturales los parques y espacios abiertos, prados y campos, árboles de la calle y jardines de patios traseros con zonas verdes.

Vivir en un ambiente relajado, en la naturaleza, actúa como terapia natural y es un seguro para prevenir la delincuencia juvenil y el fracaso escolar, así como la mayor probabilidad de mejorar el autocontrol, la atención y los resultados académicos. El cerebro agradece estar en contacto con la naturaleza, no digamos vivir en ella.

Por el contrario, vivir lejos de la naturaleza o zonas naturales, acelera el envejecimiento cerebral. Los espacios verdes que hay en las ciudades actúan como una especie de parche ecológico sobre los efectos negativos del estrés causado por la ciudad a nuestra salud. 

2. Efecto de las actividades en el medio natural sobre el cerebro

Ya hemos visto los múltiples beneficios que el contacto con la naturaleza tiene sobre el cerebro. Si al mero hecho de estar en contacto con ella, le sumamos realizar actividades que sabemos le van bien al cerebro como caminar, jugar, realizar senderismo, o escalada, los efectos positivos para nuestro cerebro se multiplicarán exponencialmente.

Un reciente estudio publicado en la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States)ha demostrado como caminar por el medio natural reduce la probabilidad de padecer una depresión, frente a los que caminan por medio urbano. 

Los resultados de este estudio mostraron una reducción del flujo sanguíneo en la corteza prefrontal subgenual en el grupo que caminaba por el medio natural, mientras que esta activación no se redujo en los sujetos que caminaban por el medio urbano. Esta activación está asociada a la rumiación depresiva”, es decir, con el hecho de tener pensamientos repetitivos recurrentes, así como con las emociones negativas. Lo que sugiere que salir a pasear por el medio natural podría reducir este síntoma tan característico de la depresión, sin embargo, pasear por el medio urbano no es tan eficiente para esta enfermedad (depresión).

La naturaleza no solo nos influye cognitivamente, sino que también nos hace ser más amables. Investigadores coreanos observaron que cuando la gente observaba fotografías del campo o de la naturaleza se les activaban áreas cerebrales relacionadas con el altruismo y la empatía.  Mientras que cuando veían imágenes de la ciudad, se activaba la amígdala, una estructura cerebral que controla el miedo, la ansiedad y que regula el estrés. Por tanto, la naturaleza no solo nos calma y nos relaja, sino que también nos hace más amables y ser más empáticos.

3. Propuestas prácticas para fomentar la práctica de actividad física en el medio natural

Conocidos los múltiples beneficios que el contacto con la naturaleza tiene sobre el cerebro, los programas neuroeducativos no solo deben tenerlos en cuenta a la hora de planificar salidas al medio natural como actividades complementarias y extraescolares de cualquier asignatura, incluida por supuesto, la Educación Física, sino que deben considerarlos a la hora de construir las escuelas, organizar las aulas y las sesiones.

Aún existe una gran dificultad burocrática para realizar actividades complementarias con los alumnos fuera del centro escolar. En algunos centros educativos, ni siquiera se permite salir con los alumnos al parque contiguo al centro, si no es con una autorización de los padres específica para tal actividad. Si hacemos un viaje al norte de Europa, se puede observar cómo las políticas educativas de estos países lo tienen claro desde hace tiempo. Los parques y zonas verdes están repletos de niños con sus maestros y profesores en horario escolar, a pesar de las adversas condiciones climatológicas. 

Como actividades a realizar en el centro (o fuera), en horario lectivo (o no) y que puedan servirnos de guía para poner en marcha programas neuroeducativos, podemos empezar proponiendo salidas de senderismo sencillas, juegos de pistas o carreras de orientación próximas al centro que no requieran usar demasiado tiempo. En caso de no tener senderos próximos al centro, basta con salir a caminar o correr un rato por el parque o zonas verdes próximas. 

La segunda propuesta que planteamos sería trabajar de forma interdisciplinar la realización de actividades en el medio natural. En Biología y Geología es una muy buena oportunidad para realizar actividades conjuntas con el Departamento de Educación Física para realizar una salida de senderismo y aprovechar para conocer la fauna, flora y geología de la zona.

Para fomentar la práctica de actividad en el medio natural, se pueden plantear también actividades en familia. Organizar una ruta de senderismo con las familias, un sábado o domingo, donde las familias acompañan a sus hijos. 

Otras actividades que podemos realizar en el centro para promocionar la práctica de actividad física en el medio natural es la invitación al centro educativo de asociaciones, clubes deportivos de montaña y deportes de aventura, clubes de escalada, etc. para realizar charlas y talleres prácticos durante los recreos o en horario lectivo. Se podrían incluso organizar unas jornadas de promoción de actividades en el medio natural y sus beneficios para la salud.

Para más información sobre este tema, dejamos por aquí la entrevista de David Bueno Torrens (biólogo, profesor e investigador).

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